Nacistes antes de tiempo, sin prisa, desafiando sin invitación cada instante que no te pertenecía. Y lo lograstes. Cautivastes el silencio de cada voz y desvanecistes las palabras de cada lenguaje; porque allí, atrincherado en cualquier rincón, mirabas con vehemencia tu alrededor. Me acostumbré a entenderte, al juicio silencioso de ojos negros, al delicado sonido de cada pisada o al acusado suspiro que tanto te delataba. Sí, formabas parte del soslayo de cualquier mirada.
Muchos fueron lo días que me eseñastes a estar solo sin sentirme solo y me demostrastes que un corazón grande se llena con poco...Tu recuerdo, tan infinito como mi gratitud.
El recuerdo es un poco de eternidad. Antonio Porchia



No hay comentarios:
Publicar un comentario